
Me fui, huyendo una vez más; pero ahora sólo tenía claro que de quien huía era de mi.
Huí de la soledad a la que me había acomodado tan bien; después de tanto llorar.
Huí de la costumbre al lamento por el daño que me provocó tanto silencio necesario, tanta ausencia prolongada en el tiempo, tantas preguntas sin respuestas.
Huí de aprender a refugiarme en sueños volátiles, de dejar que me sujetaran unas palabras para mi no destinadas, de prendarme de sonrisas fáciles que se agotaban al mismo tiempo que un rastro de muesca se asomaba, de soñar con horizontes que no llegaban, de empezar a querer a mi otro yo, ajeno y desconocido.
Y ahora que he vuelto, quisiera poder huir de mi huida,
y que me atrape mi vida.
