lunes, 28 de enero de 2008

... y se cerró


¡ Cuánto tiempo había esperado esa llamada!, ya ni lo recuerda. El día que se marchó, abrió la puerta sin mirar atrás. Se había instalado desde el primer beso en su piel y desde su adiós en su sala de espera.

Y poco a poco, su rostro se desfiguraba en sus recuerdos, pero no aquellas mañanas de café y zumo en la cama, de caricias y salitre en el cuerpo, de pasión y ternura en los ojos.

¡Cuánto habría dado por escuchar su voz y dar rienda suelta a sus esperanzas cumplidas¡

¡Cuánto daría hoy, porque tu no le hubieras vuelto a llamar¡